CÓMO ESCRIBIR: El COVID-19 vs. la literatura

¿Cómo podría influir la Pandemia en la literatura?

 

Sí mal no recuerdo, fue Aristóteles quién dijo: "El arte imita a la vida", del mismo modo que hoy en día, quizás con una visión más amplia, propia de la Edad Contemporánea, solemos aventurarnos y decir que, a veces, "la realidad supera la ficción". Entonces ¿es en realidad el arte el que imita a la vida o al revés?

No es mi intención adentrarme en un debate filosófico respecto al tema; pero, por otro lado, es innegable que la llegada y la influencia del COVID-19, ha marcado un antes y un después en el curso de nuestras vidas, tanto desde el punto de vista personal -y sus diferentes variantes como ser: lo anímico, lo emocional, lo psicológico-, como desde el punto de vista social, político, jurídico, económico, científico, académico. En fin, desde una perspectiva globalizada y no de una simple gresca familiar o una revuelta a nivel estadual, sino desde una nueva óptica a nivel mundial. Ahora, mi pregunta es: ¿cuánto de ello puede llegar a influir, el día de mañana, en la forma de crear, de hacer, literatura? Y peor aún ¿cuánto se puede explotar un mismo tema o una misma trama, hasta cansar al público lector? Y es que si nos retrotraemos al año 1978, cuando un tal Stephen King, publicó por primera vez su obra titulada The Stand, Apocalipsis o La Danza de la Muerte, la idea de una pandemia que sesgara la vida del 99.4% de la población mundial, podía llegar a sonarnos un argumento ideal para la ficción, pero la realidad que nos toca enfrentar hoy en día, nos pone a la sombra de una posibilidad, no menos feliz y por consiguiente, no tan descabellada y alejada del mundo al otro lado de las páginas de un libro.

¿Y qué debemos hacer cuando se encuentre la cura del COVID-19? Supongo, que esperar 5 años para evitar que ocurra lo que pasa en la versión cinematográfica de Soy leyenda de Richard Matheson.

¿El coronavirus terminará influyendo en la literatura post-pandemia? Es muy probable, del mismo modo que otros acontecimientos mundiales, en su momento, han sabido ser objeto de la explotación tanto del cine como de la literatura. Por ejemplo, hasta que Svetlana Alexiévich no sacó a la luz su libro "Voces de Chernobyl", nadie se acordaba del tema y hasta el momento, las estanterías y las salas de cine se encontraban abarrotadas por la influencia de las historias de la Segunda Guerra Mundial, Auschwitz y el holocausto.

Si nos trasladamos al terreno más "fantástico”, hasta que no se produjo el Boom de The Walking Dead, nadie se acordaba de los Zombis de modo que sus tramas siempre eran planas y similares -nadie dejaba claro el origen o no se tenía muy en claro cómo pasó pero los muertos estaban por todos lados y perseguían a la gente, al principio comían cerebros pero después fueron variando la dieta- y así con sus diferentes variantes -como pasar de tener muertos lentos, que nos daban chances y esperanzas a sobrevivir, a zombis que corrían maratones, donde si fumabas o tenías sobrepeso, era mejor cerrar tus ojos y que pasara lo que dios quiera-; todo, hasta que a alguien se le encendió la lamparita y dijo: ¿Y si en lugar de hacer foco en los zombis, por qué no empezamos hacer focos en las relaciones humanas durante el apocalipsis? Para que posteriormente llegara Max Brooks y dijera: ¿Y si empleo el panorama mundial de la plaga zombi para realizar una crítica a nivel gubernamental, respecto a la política, al sistema de salud, la economía y la sociedad?

La razón por la que hago hincapié en todos estos ejemplos devienen de la siguiente interrogante: ¿Cuántas producciones literarias van a pasar hasta que alguien encuentre esa fórmula, original e innovadora, que no acuda a las bases sentadas por Apocalipsis, Soy leyenda o Los ojos de la oscuridad?

Sin ir más lejos, las páginas dedicadas a concursos literarios, editoriales, los foros o las mismas convocatorias literarias de revistas digitales, apuntan a concursos de cuentos y relatos basados en la premisa del COVID-19 y la cuarentena. Sin mencionar la cantidad de convocatorias a microcuentos y microrrelatos, que de por sí, se llaman “micro”, porque nadie tiene ganas de leer más de 50 relatos, de más de 250 palabras, con la misma premisa.

No dudo que el contexto de la pandemia influya en la nueva literatura del 2020 o de los años venideros, pero quizás la mejor arma del escritor, no es avocarse a la influencia directa respecto a la trama, si no en el estilo, porque del mismo modo que alguien mezclará la cuarentena, el encierro y el aislamiento social con los zombis, otro va a relacionarlo con vampiros, otro con hombres-lobos y alguno que otro -rey de la originalidad- con un ataque alienígena de una raza de seres parecidos al chupacabras; del mismo modo que en el ámbito del séptimo arte una buena película Found Footage, desencadena una marejada de películas del mismo estilo, calidad y para todos los gustos o un Best Seller erótico o de vampiros, nos regala una catapulta de historias del mismo género.

La cuarentena, el aislamiento y el encierro, deberían ayudar a reformar el carácter del escritor para reinventarse en su estilo, dejar que el cúmulo de experiencias y sensaciones experimentadas durante el transcurso del claustro, le permitan explotar ese sentimiento de claustrofobia o de agorafobia; en algunos casos, ver en sí mismo sus miserias y las miserias de quienes lo rodean, para posteriormente plasmarlos al blanco del papel. Si no ¿cómo creen que surgieron obras como El resplandor o Misery? De explotarse a uno mismo y del ambiente que nos rodea. A veces, la clave no está en ir con la corriente, sino en contra de la misma. Ser uno más que se sube al tren o al tema de la hora, no te hace más que uno del montón y si bien, a veces parece que todo ya fue dicho o inventado, quién sabe... tal vez, deberíamos dejar de ser nosotros los que imitemos a la vida y dejar que la vida nos imite a nosotros, después de todo... algún día, puede que sea "la realidad, la que supere nuestra ficción".

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