CÓMO ESCRIBIR: La voz del narrador


La voz del narrador 






Su importancia a la hora de escribir una buena historia


En la nota anterior, hemos desmitificado al cuento cómo género narrativo en decadencia por parte de quienes lo consideran una forma de creación o de elaboración literaria simplista.
En esta oportunidad y siguiendo con la misma línea, nos toca hablar de la denominada voz del narrador, sus tipos, las diferentes características que presenta y por sobre todo, la importancia de su correcta elección y empleo a la hora de contar una historia.
Para empezar, debemos diferenciar la voz del escritor, de la voz que va a narrar la historia. La primera, surge como respuesta al empleo de la imaginación a través de una idea y la segunda, como el producto de plasmar finalmente, dicha idea, en el papel.
La forma en que una idea pueda surgir y cobrar fuerza en la cabeza del escritor, no nos interesa, pues depende exclusivamente de este; lo que sí nos interesa, es cuando llega el momento de ejecutarla. Es en este punto, en que el escritor deberá tomar una importante decisión. Decisión que responde a una sola pregunta: ¿Cuánto o en qué medida, deseo que mi personaje, sepa de su destino y de los hechos que lo rodean? De la respuesta a este cuestionamiento, surgirá la llamada, voz del narrador. Es aquí, donde los caminos se bifurcan y surge la necesidad para el escritor, ya sea de desdoblar su personalidad o mantenerse incólume, en una posición única, neutral y distante tanto de sí mismo, como de la historia e incluso, respecto del mismo lector.
Como he mencionado anteriormente, hay tres tipos de narradores: el narrador protagonista, el narrador testigo y el narrador omnisciente. Los tres presentan características diferentes, cumplen una función diferente y se emplean para circunstancias diferentes.
El narrador protagonista, como su nombre lo indica, cuenta una historia o narra una experiencia en primera persona, la desarrolla en primera persona y la finaliza, por regla general -y como debería ser-, en primera persona. Sé que el concepto de primera persona, puede sonar reiterativo y fastidioso, pero son comunes los errores a la hora de emplear este tipo de voz y ahora vamos a ver por qué.
Queda en claro entonces, que el narrador protagonista siempre responde a un YO tácito, implícito en la narración, independiente del escritor, claro está; pues a ello me refería, cuando decía que el escritor debe desdoblar su personalidad para convertirse, a la hora de contar la historia, en su propio protagonista.
El narrador protagonista, sólo sabe de los hechos que él mismo ha vivido o que han transcurrido en su presencia o de aquellos dónde él mismo ha intervenido y sólo en la medida de su propia intervención. Lo mismo ocurre con las sensaciones y sentimientos, sólo puede describir a aquellos que él mismo y por sí mismo, experimenta a lo largo del relato. La razón por la que suelen cometerse la mayoría de los errores en este tipo de tramas es, por la excesiva carga de subjetividad que implica el sólo hecho de narrar una historia en primera persona, es fácil de hacer y fácil de dejarse llevar, a punto tal que, algunos escritores -en su mayoría, escritores de terror que recién comienzan a dar sus primeros pasos-, dedican parrafadas enteras a describir sensaciones o sentimientos que experimentan otros personajes de la trama en su fuero interno.
Otro de los errores comunes -y el peor, en mi humilde opinión-, se da en aquellas historias que contadas en primera persona, terminan -en un intento desesperado por parte del escritor de dejar al lector con la boca abierta de inesperada sorpresa o asombro-, con el protagonista muerto, dando entender así, que es su fantasma quién ha escrito la historia. Este es uno de los finales más absurdos, menos originales -y si me lo perdonan-, más ridículos para una historia.
Otro error que se comete seguido, es narrar acontecimientos que ocurren ajenos a la presencia del protagonista, sin explicar la fuente de la cuál, el personaje se sirve para tomar conocimiento de dichos hechos.
El narrador protagonista, tiene la función de darle a una narración, la fuerza de la verosimilitud, más no de la verdad o de la certeza absoluta. Además, cumple la función de interactuar con el lector, ya que hace a este último partícipe y hasta cómplice de la historia. Este tipo de voz es fácil de utilizar y bien usado, es un recurso hasta si se quiere muy poderoso, ya que nos permite guardar una cercanía con el lector que no podríamos lograr con, por ejemplo, el narrador omnisciente. A su vez, también es una herramienta peligrosa, porque usada en exceso, se agota rápido y un escrito muy cargado de descripciones sentimentales o lleno de sensaciones de confusión, de duda o de indecisión, por parte del protagonista, puede aburrir, agotar al lector y lejos de ganarnos su empatía, nos terminará odiando.
El narrador testigo, es fácil de confundir con la voz del protagonista, ya que se presenta con características muy similares a la que se emplean con este último, salvo por un delicado y casi imperceptible detalle. Usa la voz de la primera persona para relatarnos una historia, pero la diferencia estriba en que la historia no le pertenece a él, sino a un tercero, es decir, a un personaje diferente dentro de la trama.
El escritor estadounidense, Howard Phillips Lovecraft, supo utilizar en muchas de sus historias la voz del narrador testigo. Esto se debía, a que el narrador testigo, es mucho más objetivo e impreciso que el narrador protagonista y, al describir hechos que sólo percibe de su entorno a través de sus sentidos básicos -olfato, vista, tacto, audición y gusto-, su intervención da menos lugar a cuestionamientos por parte del lector, lo que equivale a decir, que el lector debe atenerse a la declaración del narrador, tal y como ha sido contada.
El cuento, El modelo de Pickman, es un buen ejemplo de esto y por ello, los invito a leerlo.
La voz del narrador testigo, suele presentarse de un modo más anecdótico y si bien, interactúa de cierto modo ambiguo con el lector, no hace mucho hincapié en buscar convencerlo de su narrativa, el juego o el abanico de posibilidades que de ella resulte, queda librado al criterio del lector.
Otro ejemplo del uso del narrador testigo, podemos encontrarlo en las aventuras de Sherlock Holmes, ya que quién nos habla de sus andanzas, no es nada más ni nada menos, que la voz de su entrañable compañero, el doctor Watson.
Por lo general, el narrador testigo, más precisamente en la literatura de terror, suele dudar mucho de aquello mismo que percibe a través de sus sentidos, suele ser más incrédulo al respecto, ósea, que falta la fuerza de la convicción que muchas veces busca remarcar el narrador protagonista. Su empleo suele dar más dificultad que la voz en primera persona y es menos común en la literatura. Esto se debe, a que el límite que separa la voz del testigo de la voz del protagonista suele ser muy delicado. El escritor, debe estar muy pendiente de lo que el testigo dice con relación a la experiencia del otro, sin mezclar ambas voces dentro de su cabeza y del escrito.
Un error común en este tipo de voz, se da cuando se describe cuestiones que forman parte del fuero interno y privado del otro. Para entender este punto, un ejercicio muy útil sería: colocarnos frente a una persona y tratar de adivinar lo que esta piensa o siente, más allá de lo que el otro pueda sugerirnos por sus rasgos o expresiones faciales. Bastarían para este experimento, no más de tres milésimas de segundos, para darnos cuenta de que es imposible saber lo que otra persona siente o piensa, podríamos describirlo mediante sus expresiones o gestos, pero nunca lo que guarda realmente en su interior.
Lo mismo ocurre con el narrador testigo, puede hablar de lo que ve, pero no de lo que el otro siente o está pensando en el momento en que transcurre la historia. Puede hablar de sí mismo, pero nunca podrá hablar sobre cuestiones que ocurren en el cuerpo o en la cabeza de otro. Puede notar o hablar de la preocupación, el cansancio o la decadencia del otro, por sus gestos o por lo que nota de su apariencia física, pero lo hará de un modo distante o dicho de otro modo, a la manera de un mero observador. Podrá hablar de la tristeza que siente por la desgracia que atormenta a un amigo, pero no podrá hablar de lo que dicho amigo sintió hasta ser empujado al suicidio. Un ejemplo de este tipo de narrativa es el cuento, Para noche de insomnio, de Horacio Quiroga.
El narrador testigo, suele relatar la evolución de un personaje a través de los giros de su experiencia; y si alguna vez, escarba en los sentimientos del otro, siempre lo hace citando las palabras de este.
Por último, tenemos al narrador omnisciente, quién se presenta como el dios de la historia, el alfa y el omega, el principio y el fin. Aquí el escritor, lo ve todo y lo sabe todo. Su voz es una tercera persona, que hace referencia a un él o ella. Se emplea mucho en narraciones extensas o de trama compleja, dónde es preciso dejarle en claro al lector, todo lo que transcurre para cada una de las circunstancias de tiempo, lugar y modo. Así también, permite enriquecer más los atributos de sus personajes, dotándolos de características o similitudes que rozan con nuestra realidad y con la que podemos, en algunos casos, sentirnos identificados.
Con el empleo del narrador omnisciente, es más fácil cometer errores en la trama, ya sea por omisión o impericia del escritor durante el proceso de relectura y corrección, que en la construcción de los personajes, lugares o de los hechos básicos que inspiran su redacción. Aquí, los personajes no tienen en sí mismos, una voz que se preste a generar confusiones, más allá de la propia que dicta e impulsa al escritor a escribir; es por ello, que se sirve de una herramienta muy útil, para dotarlos de vida y una personalidad propia: el diálogo.
No existe el límite respecto a las descripciones de lugares, hechos o cosas. Tampoco existe un límite para expresar sentimientos, emociones o sensaciones; es por esta razón, que el narrador en tercera persona es más sencillo de utilizar. Aquí, todo depende del escritor y sólo del escritor; y salvo, por el uso del final abierto, no existe lugar para la intervención del lector, sino que todo se basa y se sostiene sobre una estructura predeterminada, ideada y moldeada a la voluntad unilateral y totalitaria del escritor, que una vez impresa, no queda otro remedio más que aceptarla tal y como fue escrita.
Para concluir, me despido de esta nota haciendo una última aclaración: Pueden existir entre las diversas voces narrativas, una suerte de combinación amistosa, dónde una voz da lugar a otra, como una forma de expresión excepcional.
Puede ocurrir, que una historia narrada en primera persona, termine siendo narrada por una tercera intervención, como ocurre en la novela corta de Stephen King, Dolores Claiborne, dónde al final, la historia -narrada en primera persona-, queda resuelta por la voz de un recorte periodístico. Algo similar ocurre con Carrie, dónde la voz de los testigos se interrumpe por momentos, con informes policiales y notas periodísticas. El narrador testigo, también puede finalizar con la voz de un protagonista si al final de la historia agregamos una carta, de aquel de cuyas andanzas hemos sido testigo durante la redacción.
En fin, posibilidades hay muchas, en ello la literatura es un campo libre y fértil, todo depende del ingenio, la creatividad y la astucia del escritor a la hora de contar su historia. Y todo ello, viene dado de la mano de la lectura y la práctica, la constancia y la perseverancia.

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