El Cuco: Un cuento para concientizar sobre el abuso infantil y la importancia de escuchar a los niños.
El Cuco
¡Qué importante es escuchar a los niños!
A veces, basta con que te apartes un momento de tú lógica de adulto, de tú razón, para que puedas entenderlos.
Por ejemplo:
Te propongo que imaginemos juntos una situación...
Quiero que por un momento, imagines que sos la mamá o el papá, de un niño o de una niña. Sí tienes hijos, será más fácil.
Que ese niño o esa niña, no tenga más de 4 o 5 añitos.
Tú niño o tú niña, a lo largo del día, juega, ríe, corre, salta, grita y llora. Lo normal en todo niño o en toda niña. Pero a medida que cae la noche, su ánimo, también se esfuma.
Todas las noches tienen la misma rutina: Lo bañas, cenan juntos, miran un poco de tele, te aseguras de que se cepille los dientes y lo acompañas a la cama para darle el beso de las buenas noches.
Imagina que una de esas noches, ya envuelto entre las frazadas, tú niño te dice:
– Mamá, el Cuco vive debajo de la cama.
Tú como madre, te sorprendes, pero a la vez lo ignoras y con una sonrisa llena de ternura, le dices:
– No, hijo. El Cuco no existe.
Le explicas la razón de porqué el cuco es sólo un cuento para asustar a los niños. Lo arropas, le das un beso, te enfilas hacia la puerta de la habitación, lo miras una última vez, te despides y apagas la luz.
Al otro día, la escena se repite: cenan juntos, te aseguras de que se lave bien los dientes, lo acompañas a la cama, pero antes de despedirte, tu niño te dice:
– Mamá... el Cuco vive debajo de la cama...
Hoy estás más cansada, ha sido un día largo en el trabajo y en la casa, tu amor es el mismo de todos los días, pero no estás de humor para detenerte en explicaciones, así que sólo dices:
– Ya te dije, que el Cuco no existe.
Lo arropas, le das un beso, te enfilas hacia la puerta de la habitación como cada día, lo miras una última vez como cada noche, te despides y apagas la luz.
La tercera noche, estás más cansada y con menos humor, los problemas del día a día, te tienen agobiada; las cuentas de luz, agua y gas se apilan sobre la mesa de la cocina, el resumen de la tarjeta de crédito es muy abultado este mes, estás pensando en sacar un préstamo y a la vez, en la forma para poder pagarlo cuando llegue el momento; la maestra te ha citado para hablar de tú niño y más que en la charla, te preocupa cómo vas a hacer para salir un rato antes del trabajo para poder asistir.
Cocinas lo que podés con el dinero con que contás. Comes junto a tu hijo, miran un poco la tele, se cepillan los dientes y lo acompañas a la cama como todos los días. Y también como todos los días, tu hijo insiste con la misma frase:
– Mamá. El Cuco vive debajo de mi cama.
– ¡Ya estoy harta! –dices– ¡Te dije que el Cuco no existe! Basta de pavadas ¡A dormir!
Tus palabras han sido muy duras esta vez y en el fondo, te sientes mal por haber reaccionado así. De todas formas, arropas a tu hijo, le das un beso como cada noche, intentando lavar la culpa o peor aún, intentando demostrar que no ha pasado nada fuera de lo normal, que todo está bien, como cada día. Te retiras de la habitación y antes de marcharte, miras a tu niño por última vez –porque lo amas–, pero...
Quizás, sea por el cansancio; tal vez, últimamente has estado sometida a muchísimo estrés, pero por un pálido segundo, con el rabillo de tu ojo, tuviste la visión de un movimiento extraño debajo de la cama. Un movimiento suave, delicado, casi imperceptible, justo en la parte donde las frazadas rozan con el suelo.
No le das importancia, sólo ves a tú hijo y apagas la luz. ¿Todo por qué? Porque el Cuco no existe.
Ahora ¿Qué dirías si yo te dijera, que esa noche un hombre entró a tu casa y se escondió justo debajo de la cama de tú hijo?
Y peor aún, te redoblo la apuesta ¿Qué dirías, si yo te dijera, que aquel hombre que se escondió debajo de la cama de tu hijo, no es cualquier hombre, sino uno que se ha escondido tan bien que incluso frente a tus ojos, es invisible; un padre, un hermano, un primo, un tío, un abuelo o un padrastro?
Tranquila. Tranquilo. No te preocupes, porque según tu lógica, no pasaría nada... Porque el Cuco, no existe... y por lo tanto, el Cuco... no vive debajo de la cama.
Firma
Atte.
El Cuco.
C.D. Riquelme
25/06/2019
tal cual, cualquiera puede ser el Cucu---
ResponderBorrarSi yo fuera la madre, ante tanta insistencia le diria, miremos juntos debajo de la cama que ahi no hay nadie--- Asi le doy confianza para que el certifique conmigo de que no hay nada... y
Y si lo hubiera--- ¡lo mato!
Wow, me encantó.
ResponderBorrarExcelente, y da verdaderamente a pensar.