La chica del bolso S&K

La chica del bolso S&K

Dedico este Relato a Antonelia B.
Don´t worry be happy.
Nunca cambies.

- Puedo usar tú baño –dijo la chica.
El problema no era que ella quisiera ir al baño, el problema era que cada minuto que pasaba era un minuto menos que tenía antes de que sus padres llegaran. Y las chicas tardan demasiado.
No había dejado de mirarle el escote desde que había llegado. No había dejado de fantasear en las cosas que haría allí. No podía esperar a verla sin ropa, y la tarea comenzaba a tornarse densa.
No quería responder, había algo en el roce de sus lenguas que le hacía pensar en que si importar que esa noche fracasara, si seguía haciendo las cosas bien, mientras se mostrara caballero, y no perdiera contacto con ella… esperar al final por terminar dentro de una mujer así, valdría por todos los años desperdiciados de su vida, donde no había hecho otra cosa más que masturbarse con las chicas de la contratapa de la sección de deportes de la edición de los domingos.
Brian Reversat, no era virgen, no de su mano derecha, ni de pensamiento por lo menos…en algún punto de su mente creía que los encuentros efímeros de su imaginación contaban en la lista, y así fue que según él, se había convertido en un verdadero experto en la materia.
Había tenido sus encuentros. Dos para ser preciso. Pagados, pero contaban. Algo es algo. Suficiente como para no llevarse las burlas de sus compañeros de clase; un hombre es experto en inflar el pecho y contar historias, y son precisamente de las historias donde nacen los héroes y las leyendas. Y él era una de ellas.
Había llegado a tocarle un muslo, solo el muslo, aunque su mente no dejaba de gritarle que debía explorar más por debajo de su falda. El que le hubiera corrido la mano un par de veces, no lo hizo desistir… la perseverancia era uno de sus dones. 
Sentía la necesidad de saber si estaba depilada o si estaba en su estado natural. Durante el momento más acalorado de la noche llegó a correrle uno de los breteles azules y besar su hombro derecho, también sintió el perfume dulce y delicado de su piel blanca, tersa; y aunque el gusto de la marca del perfume le había desagradado mucho, nada se comparaba con estar cerca de esos pechos. 
- Me vas a prestar el baño ¿Si o no?
El tono de voz de la chica, se había vuelto más tosco, duro, seco… ya no suspiraba al decirlo, había adquirido una firmeza determinante y él pudo comprobarlo en la fuerza penetrante de su mirada.
No sabía tiempo estuvo rígido y boquiabierto frente a ella sin poder emitir sonido, pero se apresuró a responder antes de que se lo volviera a preguntar. 
- Sí. Esta arriba. Después del pasillo, la última puerta celeste. 
Sus palabras sonaron metálicas, robóticas, entrecortadas por suspiros acalorados, la misma voz que tiene uno cuando intenta contestar desde el baño después de pasar 20 minutos tratando de acabar, una voz culpable y la lacónica, el mismo tono de voz que denota que alguien más se ha dado cuenta de lo que estaba haciendo. 
La chica se alejo dándole un beso, un beso que decía que todo estaba bien, pero al mismo tiempo que no debía impacientarse. Subió las escaleras contoneando las caderas, y él la observó alejarse con sumo cuidado. Sonreía. Una sonrisa falsa sin duda, dura y forzada, que lo único que intentaba era disimular la verdadera cara de orto que esperaba debajo de aquella máscara de frustración. Él no quería parar, había esperado mucho tiempo por algo así, y cada minuto que pasaba era un minuto menos de diversión, y un minuto más para sus padres que no tardarían en llegar. El culo era el rostro de la frustración, sin duda.
Su celular sonó, y Brian atendió luego de ver la pantalla un instante, su cara advirtió que ya no debía mostrar esa sonrisa estúpida y podía amargarse con gusto… Alex era su mejor amigo, y era efectivamente su mejor amigo, lo quería pero podía detestarlo con la misma intensidad; Alex podía ser muy pesado cuando quería, y el momento que decidió llamar podría haber sido un momento clave, y de solo pensarlo aquello lo fastidió más.
- ¿Qué? –contestó secamente, ni “Hola”, ni “¿Cómo estás?”, esas eran boludeces sacramentales que estaban al reverendo pedo.
- ¿Ya está? –contestó Alex extasiado y comenzó a reír- sabía que eras rápido pero no tanto… por lo menos llegaste a verle el culo antes de acabar.
- No seas pelotudo… -dijo apretando los dientes- te dije que yo te iba a llamar.
- Dicen que es una chica fácil, y si no la ponés hoy, y con ella, vas a ser un pelotudo toda la vida. ¿Ahora dónde está?
- En el baño –contestó Brian bajando la voz.
- Si tú celular tiene carga, grabala. No creo que le moleste –comentó Alex.
- Te dejo –contestó Brian, era suficiente, sin duda Alex estaba en esos días en que era sencillamente insoportable.
Alex intentó decir algo, pero su voz se apagó cuando Brian tocó el botón rojo de la pantalla del celular. Y espero.
Oyó el reloj correr, habían pasado dos minutos que tranquilamente podrían haberse confundido con una eternidad. El fuego en sus pantalones no cedía, tenía la bragueta abultada y empinada hacia adelante como una pequeña carpa.
Miró a su alrededor, la tele estaba apagada, intentó acomodarse en el sofá, se olió debajo de los brazos, estaba transpirado pero la crema desodorante de su papá estaba aguantando los litros de sudor que corrían bajo sus axilas. Sobre el asiento contiguo del sillón había quedado las marcas de ese culito perfecto que tenía su amiga, y del otro lado estaba su cartera negra rústica, con sus brillantes iniciales S&K en dorado. 
Suspiró y miró varias veces en dirección hacia la escalera, pensó en ir a ver si la chica estaba bien, pero luego desistió de la idea; la idea que vino después fue peor, no sabía el por qué, pero creyó que para muchos hombres era igual, una especie de pensamiento colectivo preinstalado. Una verdad incuestionable, un dogma como decían en la iglesia. Era difícil imaginar que aquella chica estuviera cagando. Para los hombres las mujeres no cagan, es un mito, una leyenda, aunque suene ridícula, pero no es lo primero en lo que piensas cuando una mujer va al baño. En fin, Brian alejó ese pensamiento, y cuando casi lo había erradicado por completo, su celular comenzó a vibrar de nuevo, el sonido ahogado lo sobresaltó y rompió con todo el encanto que podía tener una casa vacía y una mujer que cualquiera quisiera tener en su cama, aunque ahora estuviera en el baño y hubieran pasado dos minutos… 
Alex otra vez.
Cortó sin dudarlo, y justo cuando creyó que la casa había recobrado su antiguo confort y tranquilidad, la misma tranquilidad que es al mismo tiempo incómoda dentro del encanto de un silencio sepulcral, otro ruido lo molestó…
No era un ruido, sino más bien un ruidillo, una especie de chillido, y no era tanto el sonido sino de donde provenía… y venía del bolso S&K de su amiga.
Al principio pensó que podría tratarse de un extraño ringtone; se detenía por momentos y volvía a resurgir como un festival de pequeños ratones…
Se acercó, poco a poco con cautela, miraba hacia la escalera, no quería que la chica lo encontrara revisando su bolso.
Ratas, decía su mente. 
Cuando estuvo lo suficientemente cerca… su mano se estiró por impulso y justo cuando estaba a punto de tocarlo…
¡Ratas! gritaba ahora su mente.
El bolso se abrió lentamente como si fuera una boca oscura, un pozo sin fondo, un abismo, un túnel hacia una dimensión desconocida… de su interior manó una leve ventisca eléctrica que hizo que los vellos del cuerpo se le erizaran, un olor a humedad y moho impregno el aire, intentó mirar en su interior… pero antes de que pudiera hacerlo, el bolso emitió un sonido grave y los chillidos aumentaron como si algo se acercara luchando por salir al mundo exterior… el bolso parecía un boca, abierto de par en par como las fauces de un animal agonizante, y los dientes de su cierre se asemejaban a miles de pequeños dientes afilados y listos para arrancarte una mano si la zambullías en su interior. 
El ruido que provenía del pozo sin fondo se identifico, y para cuando quiso darse cuenta, lo distinguió, efectivamente eran ratas… miles, y huían desesperadas por salir de su interior. Un ejército de ratas rabiosas luchando entre ellas por emerger al mundo de su prisión de imitación de cuero rústico. 
Brian se apresuró a cerrar el bolso, pero el objeto transformó los dientes de su cierre en verdaderos dientes de piraña, y emitió un ladrido ronco y amenazador. Y se cerró. 
Oyó la puerta cerrarse de golpe, y no tardó en aparecer la figura de la chica bajando con delicadeza de la escalera. Sonreía. Brian en cambio no dejaba entrever el menor atisbo de gracia en su rostro pálido y sudoroso, de hecho sus ojos seguían posados sobre el bolso, recordando la oscuridad de su interior grabado en sus pupilas, el sonido de las ratas tratando de emerger, la humedad electrizante de su interior, y el olor rancio de la humedad y el moho encarnado en su nariz.
- Me extrañaste –dijo la chica sonriendo, y lo beso en los labios.
El muchacho ni siquiera sintió el contacto, ni el calor ni la tibieza de aquella boca de algodón, sólo se imaginada aquella boca dentada en la que se había convertido su bolso en una fracción de segundos.
- Me decís qué hora es… -dijo ella, pero en su mente Brian no tradujo aquello ni como afirmación ni como pregunta.
Hora de revolcarnos, deliró su mente y recordó el fuego que ardía en sus pantalones.
- Son las ocho –contestó él con la boca inerte y rígida.
- Tengo que llamar a mi mamá –contesto ella- le dije que iba a la casa de una amiga y tengo que llamarla antes de que ella llame a su casa y se dé cuenta de que no estoy.
- Si – contestó él, pero su mente decía, en realidad NO ME DEJES CON TU BOLSO, POR FAVOR.
- Voy a salir un rato al patio.
Y antes de que Brian pudiera decir algo ella ya se había levantado y se alejaba en dirección al patio de atrás, abrió la puerta, él seguía su paso fantasmal hacia la cocina y la vio desaparecer a través de la puerta.
Miró el bolso, sus iniciales S&K emitían un brillo, un resplandor ardiente como la llama de una vela, un brillo macabro sin lugar a dudas. Finalmente se convenció de que aquello pudo deberse a un acto reflejo de su mente desesperada. Volvió a su ensoñación de estar en una cama grande con la chica más linda de toda la secundaria.
Otra vez la vibración de su celular lo devolvió al mundo. Mensaje de Alex rezaba el ícono en la pantalla.
Lo abrió.
“No seas boludo y usa forro. No la vayas a dejar embarazada. Jajaja”.
Era triste pensar que a su amigo le preocupara más dejar embarazada a una chica, que advertirle respecto a contraer algún tipo de enfermedad sexual. Pero estos eran otros tiempos, y si dejabas embarazada a una mujer, se te acababa la diversión. Punto final.
La idea de traer un hijo al mundo inundó sus pensamientos, pero no se imaginó un bebé como tal sino un feto latente aún creciendo dentro de un vientre.
La chica hablaba al otro lado de la puerta que daba al patio trasero, podía ver su silueta caminar de un lado al otro a través del vidrio esmerilado. 
Un bebé. Una vida que crece en tú interior… un feto.
Un pánico sin sentido se apoderó de él, y llevó a meterse la mano hasta el fondo del bolsillo izquierdo de su pantalón, el envoltorio plástico con el resbaloso aro circular en su interior lo tranquilizó… el preservativo, uno de los tantos que repartían en el colegio luego de las charlas de educación sexual estaba allí, listo para ser estrenado.
Ni bebé, ni óvulo que fecundar, ni riesgo, ni feto… todo estaba en orden salvo…
Por el bolso S&K, el cierre del objeto apuntaba hacia su dirección y le fue imposible no recordar aquellos dientes de piraña que había asomado minutos atrás… había algo extraño en aquella cosa, un magnetismo que sugería vida… y así era.
El cierre del bolso se arqueó, y a los ojos y la imaginación de Brian ello le sugirió una sonrisa macabra. Miró desesperado en dirección a su dueña, que seguía hablando con su madre y por las posiciones que adoptaba su figura parecía estar discutiendo, y una discusión con mamá podía sugerir una larga espera…
Espera… vientre… vida… feto…
Su mente evocó aquellas palabras con la avidez de un conjuro, para ese entonces el muchacho ya había perdido algo del entusiasmo.
El bolso tosió. Sí, tosió; por más ridículo que aquello se oyera, el bolso S&K había emitido un sonido claro y perfectamente humano, o por lo menos viviente. Pero lo peor vino después…
Un sonido reverberaba en su interior, un sonido viscoso, estrujado, como el ruido de un estómago descompuesto… su cierre volvió a abrirse exhibiendo nuevamente la hilera de dientes afilados como las espinas de un rosal, o peor aún, una hilera de dientes metálico, mellados y oxidados… la boca volvió a abrirse y de su interior comenzó a emerger algo, una cosa, algo que sólo podía definirse como “eso”.
Brian se levantó de un salto y se alejó lo más que pudo, miró de nuevo en dirección a la ventana. La chica se había esfumado, pero a lo lejos llegaba flotando su voz y podía reconocer leves palabras de la discusión que mantenía con su madre… los ojos del chico estaban blancos, y observaba con atención lo que comenzaba a emerger de aquella cosa…
El bolso tuvo varios espasmos como si lo que intentaba expulsar le causara un esfuerzo asfixiante, pero no tardó mucho en asomar una especie de bulbo ovalado, una clase de tumor viscoso, latiente y palpitante, un homúnculo blando y gelatinoso que cayó al suelo y que no tardó en adherirse a la superficie… aún estaba caliente y ello podía notarse en los halos de humo que despedía, estaba recubierto de ramificaciones irregulares que parecían venas, su tejido traslúcido dejaba entrever que su interior contenía algo… Vida, gritó Brian en su cabeza incapaz de emitir palabra o sonido alguno.
El bulbo membranoso comenzó a moverse, sea lo que fuese que guardaba en su interior estaba luchando por salir, hasta que finalmente lo hizo… el líquido del interior de la cosa que parecía un tumor extirpado se dejó caer sobre los azulejos del suelo, era una especie de líquido semitransparente y al mismo tiempo blanquecino como claras de huevo, su contenido también estaba caliente, y fue entonces que comenzó a salir arrastrándose una criatura que intentaba tener forma humana, un intento de ser amorfo; tenía ojillos negros profundos, su piel era tan delgada que dejaba ver todo el interior de su anatomía, su cabeza era grande y cubierta por ventosa que se abrían y se cerraban de forma casi mecánica, tenía brazos, y al final de ellos, cinco dedos largos y unidos por una membrana tendinosa, no tenía pies, si no una especie de cola de sirena deforme, y se acerca… comenzó a arrastrarse en dirección a Brian que no podía reaccionar, estaba helado, tieso, sus músculos sabían y eran conscientes de que debía hacer algo, pero no podían distinguir qué… su mente se nubló, y no dejó pasar ningún otro pensamiento salvo… Feto… un feto mutante.
Y el bolso sonreía plácidamente. 
Intentó gritar, pero no lo conseguía, inmediatamente pensó que debía pisar aquella cosa monstruosa, patearlo, cualquier cosa, no podía dejar que una cosa así lo paralizara, después de todo lo que había salido del bolso era pequeño y podía lidiar con él, pero el verdadero problema era el bolso, que al presentir sus intenciones comenzó a gruñir y a retraer sus labios de cuero como una bestia rabiosa. Volvió a mirar en dirección a la puerta… y creyó oír una frase que agradeció por los quince minutos siguientes: “Hablamos cuando llegamos a casa mamá, chau”.
Oyó los pasos de ella aproximarse, esperaba poder alertarla de lo que estaba pasando y del peligro que corría, pero antes de que su espectacular figura se asomara a través del vidrio esmerilado, el bolso sacó del fondo de sus entrañas una lengua azulada, larga y pegajosa, envolvió en ella al tumor y a la extraña criatura que había salido de su interior, luego se las tragó de un bocado, se escuchó el chillido desesperado del pequeño monstruo y como sus huesitos se quebraban en el interior de aquellas feroces mandíbulas, luego emitió eructo; volvió a emitir un sonido similar a un ladrido, sonrió y volvió a fingir que era un bolso común y corriente.
La chica entró a la casa, y una sensación de alivio recorrió todo el cuerpo de Brian, lo embriagó un placer sólo comparable con la paja más intensa después de largas horas mirando videos porno en Internet. 
La chica pasó cerca del líquido blanquecino en el piso, y hubo dos posibilidades en ello, o la chica no podía verlo y todo estaba en la imaginación de Brian; o bien lo había visto, pero prefirió ignorarlo y fingir que no había ocurrido nada.
- En qué estábamos –dijo ella, su rostro mostraba picardía y determinación. Lo invitó a que se sentara a su lado, pero él dudó.
Lo aterraba el hecho de verla a ella tan cerca de aquella cosa, pensó en decirle que se fuera, pero todo miedo se disipó de su mente, cuando la chica volvió a incorporarse de un salto, se acomodó la falda, se acercó a él y lo besó. Fue un beso fuerte y ahogador, que le recordó el verdadero sentido de haberla invitado.
Luego la muchacha lo tomó de la mano, y se la colocó justo debajo de su blusa… sentir el calor y la suavidad de al menos uno de sus grandes pechos fue el combustible que lo devolvió a la tierra de los mortales. Tenía el pezón duro, erecto, firme, listo para ser lamido. La idea lo hizo reaccionar de nuevo, el siguiente beso se lo dio él, y rebuscó en el interior de su boca la forma de quitarle el aliento.
- Se hace tarde –comenzó a decir ella- vayamos arriba.
Verla guiñar un ojo e insinuar que deseaba estar en lugar más cómodo que un sofá fue algo por lo que hubiera matado en los primeros años de la pubertad, pero ahora era algo que escapaba de su imaginación, algo real, algo por lo cual hubiese vendido su alma al diablo. 
- Vamos -contestó y trató de que sus palabras fluyeran de forma clara, firme y calculadora, la guió escaleras arriba. Pero ella se detuvo a tomar su bolso, y eso le quitó encanto a la situación. Por otro lado era lo mejor, sus padres volverían en cualquier momento.
Subieron. Él sonrió, fue la primera sonrisa genuina que había logrado poner en toda la velada; pero también estaba el bolso que colgaba de la mano de su chica; el sólo hecho de pensar que se dirigiera al mismo lugar donde tratarían de pasar un momento inolvidable, volvió a dejarlo serio y pensativo.

Era difícil tratar de tener una buena erección con un bolso que ha tratado de comerte toda la noche. Pero en el corto trayecto hacia el cuarto pudo recapacitar y descubrir algunas cosas… número uno: el bolso sólo cobraba vida si ella no estaba, por ende mientras estuviera con ella no había por qué preocuparse. Número dos, debía tener cuidado con lo que pensaba, después de todo aquella cosa era capaz de leer tus pensamientos más desagradables e invocarlos, traerlos a realidad y darles vida, por lo menos eso era lo que había ocurrido antes. Número tres y la más remota, cabía la posibilidad de que todo estuviera en su imaginación, pero no estaba de más en calcular los siguientes movimientos.
En fin, la chica arrojó el bolso a un costado del cuarto, y empujó a Brian sobre la cama, luego se subió sobre él y le levantó las manos por encima de la cabeza, le susurró que las dejara quietas y ella comenzó a sacarse delicadamente la blusa. Brian intentaba no demostrar su incomodidad bajo el peso de la chica y disimular la desesperación que tenía por ponerla en cuatro e insertársela hasta que esta se quedara sin fuerzas para gritar… y el bolso estaba allí, por supuesto, como un espectador más.
- ¿Te gustan los juegos? –preguntó ella sin dejar de mecer sus caderas sobre la pelvis del muchacho, sintiendo como el bulto de sus pantalones latía con fuerza cada vez que rozaba la entrada de su entre pierna.
- Sí –contestó él sin mucha noción respecto de a qué se refería ella con juegos, pero era interesante descubrirlo.
- Bueno, entonces juguemos –dijo ella y se retiró.
Brian la siguió con la mirada mientras ella se desvestía y se quedaba sólo en ropa interior.
- Sacate la ropa –le ordenó.
Él obedeció al instante, trató de no verse torpe mientras lo hacía, arrojó las zapatillas lejos, y se desabrochó el pantalón que no tardó en quedar desperdigado y olvidado sobre el piso, luego se sacó la remera, lo cual le costó un poco más. Las remeras al cuerpo suelen quedar bien, pero son incómodas para sacarse en un momento en el que se requiere celeridad. Para cuando estuvo listo, se dio cuenta de que la chica estaba en el otro rincón abriendo su bolso. “No metas la mano”, pensó en gritar, pero quedó embelesado por esa cola redonda y esa espalda arqueada que le permitía ver el mundo que lo rodeaba con claridad.
La chica sacó un juego de sogas, y Brian entendió; sonrió, pero al ver de nuevo al bolso a sus pies, sintió que la angustia y la desesperación le palmeaban la espalda.
Ella lo ató, y él no pudo resistirse, en un momento tuvo la oportunidad de tener el primer 69 de su vida, pero decidió que debía esperar, tuvo su rostro contra sus pechos y no lo solo pudo sentir su aroma y su calor sino también sintió su suavidad y su sabor. Manos contra el respaldo, pies a los extremos, estaba listo. La escena más erótica que uno podía imaginar.
- Comencemos –dijo ella, y se dispuso a besar el vientre de muchacho.
Empezó a descender lentamente, luego se deslizó y se detuvo un minuto sobre el ombligo, luego siguió bajando por debajo, y justo cuando estaba por alcanzar la parte donde la piel se separaba del elástico del bóxer, se levantó y resoplando dijo: 
- Necesito ir al baño.
Brian intentó gritar que se llevara el maldito bolso, pero ella desapareció antes de que pudiera darse cuenta. Estaba caliente y furioso, sin lugar a dudas la chica había acabado con su paciencia, había abusado de ella, estaba harto. Es más, pensaba que en cuánto volviera le pediría que lo desatase y cuando estuviera libre tendría sexo con ella, así sea que deba violarla.
El bolso S&K, se irguió del suelo.
Mierda, me olvidé del puto bolso, pensó él haciendo rechinar los dientes en el interior de su boca.
Su cierre volvió a asomar sus dientes agudos y filosos. Babeaba. De su interior se oía una respiración entrecortada y rabiosa. Y comenzó a acercarse… lo hizo dando pequeños saltos, hasta desaparecer de su vista en dirección a los pies de la cama.
Brian intentó zafarse de las ataduras, pero no tenía ni la fuerza ni la libertad suficiente para hacerlo.
- ¡Merlina! –gritó el nombre de la chica… una vez, y para cuando se dio cuenta estaba gritando su nombre desaforadamente, su voz recorría el vacío de la casa con un eco espectral como si estuviera preso en una mazmorra.
El bolso dio un nuevo salto, y allí lo vio, estaba justo a sus pies, sonreía y babeaba.
- ¡Merlina! –gritó de nuevo.
Intentó liberarse de las ataduras, los nudos no habían sido hechos para un juego sexual sino para prepararlo para convertirse en el festín de aquella cosa. Intentó patear y batir sus brazos, hasta que las la soga de dejó las manos y los tobillos azules de la presión y la falta de circulación, la misma presión de la soga le produjo moretones. 
El bolso, emitió su peculiar ladrido, volvió a gruñir, de sus fauces brotaba espuma y chorreaba una espesa baba verde. 
- ¡Merli…!
Antes de que pudiera pronunciar el nombre de la chica, el bolso lanzó un mordisco feroz que hizo que su pie derecho desapareciera en su interior, pudo sentir y oír el hueso artillarse y crujir, la carne desgarrarse en jirones, la piel despegarse del músculo y la sangre fluir a chorros manchando las sábanas, el acolchado y el colchón; sintió de un leve hormigueo y la extraña sensación de que su pie continuaba allí, y que podía moverlo… el bolso masticó el pie, mientras trituraba los huesos fue tragándolo tras una mezcla de gruñidos y sonidos guturales que provenían de su interior.
Avanzó. Estaba vez se acercó hasta el punto donde en algún momento estaba su pene completamente erecto. Volvió a engullir y  de un bocado se tragó sus genitales.
No fue como en las películas, no tuvo tiempo de gritar, sólo de ver su propia agonía y de sentir como la falta de sangre lo cubría de un frío espeluznante de muerte, luego un temblor constante reemplazó aquel dolor que era imposible de describir con palabras, un dolor que incluso le impedía al cuerpo o a su mente reaccionar, por el simple hecho de que le era completamente ajeno y desconocido.
Volvió a avanzar. Esta vez se posó sobre su pecho y esperó. El brillo de las iniciales S&K jamás le habían parecido tan diabólicas como en ese momento.
- No te preocupes –dijo una voz extraña, ajena, una voz de vieja- él se encargará de devorar todo lo que se manche, todo va a quedar limpio, muy limpio.
Brian movió la cabeza para esquivar la figura del bolso… 
Parada sobre el umbral de la puerta aguardaba una vieja, casi desnuda si no fuera por la ropa interior. Era Merlina. Sus carnes flácidas colgaban de su cuerpo marchito, cubierto de verrugas y machas hepáticas. Su vientre estaba hinchado y desproporcionado, tenía los brazos y las piernas exageradamente largas y esqueléticas. Su rostro se había transformado en una especie de zombi sin labios y con una prominente nariz aguileña.
- ¿Todavía estás dispuesto a violarme? –preguntó la anciana.
Brian sintió el frío que precede a la muerte, de sus labios brotaban borbotones de sangre negra; intentó decir algo, pero sus labios estaban inertes, carecían de movilidad y comenzaban a ponerse azules, su piel estaba pálida por la hemorragia. 
Suspiró… para cuando quiso darse cuenta, el bolso volvió a abrirse dejando al descubierto sus pequeños y afilados dientes de metal mellado y oxidado, su aliento fétido de cadáveres llegó caliente a su rostro… Para cuando se dio por vencido y cerró sus ojos, el bolso engulló su cabeza, dejando un cuerpo convulsionado sobre una cama de plaza y media.


Nota del Autor: 
A mi amiga le encantan los bolsos, incluso creo que puede usar uno por cada día de la semana sin tener que repetirlo.
Un día mientras hablábamos, decidió buscar su celular en un bolso azul grande que había traído, yo también por mi parte le había entregado algunos apuntes de la facultad y ella debía hacer espacio en su interior para poder llevárselos; al ver la maraña de cosas y cosas, algunas incluso que eran innecesarias, se me ocurrió que dentro de aquel objeto podía coexistir todo un universo... una especie de Narnia, la idea me causó gracia; cuando llegué a mi casa y me quise dar cuenta, ya estaba esbozando los primeros párrafos de esta historia.
Espero les haya gustado.
Anto... Sos una gran compañera, una excelente amiga, pero por sobre todas las cosas, una de las mejores personas que he tenido el agrado de conocer en mi vida. Nunca Cambies. Sé más ordenada.   

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