Un cuento de vida: "Abuela, rompí el mundo"
Abuela, rompí el mundo Hace ya muchos años, mi madre, en su lecho de muerte, citó a Rudyard Kipling; lo cual era curioso, porque hasta que yo pude ir a la universidad, en toda mi casa, no había más que tres libros –lo recuerdo muy bien–. Tres libros: Una Biblia (nunca supe de dónde salió y jamás se lo pregunté a mi mamá), un manual mixto de secundaria, que heredé de mi madre –y que me ayudó hasta el último día de clases–, y un viejo diccionario que se caía a pedazos. Supongo que mi madre eligió citar a Kipling porque era Atea, no lo decía abiertamente, pero yo pienso que lo era, jamás la vi pisar una iglesia, ni pedir ayuda a Dios cuando las cosas nos iban mal; En fin, en lugar de citar el salmo 91: "El que habita al abrigo del Altísimo vivirá bajo la sombra del Todopoderoso..." Prefirió rezar a su manera, recitando un poema, que tal vez, ni siquiera leyó en realidad, sino que –al igual que yo–, lo escuchó de alguien más. El Salmo 91. Sí, cómo no. Mi madre era demas...